Entender cómo funciona nuestro cuerpo y conocernos desde una perspectiva neurofisiológica nos permite rendir mejor, tomar mejores decisiones y sentirnos más seguros.
La autorregulación tiene una base biológica: nuestro sistema nervioso autónomo genera los mecanismos necesarios para poder mantener la homeostasis interna (volver al equilibrio) frente a los estímulos externos.
Este sistema oscila entre dos dinámicas que trabajan en equilibrio y de forma complementaria:
🔺El sistema nervioso simpático es el que se activa cuando percibimos una amenaza, un desafío o una exigencia. Es el que prepara al cuerpo para actuar rápido o encontrarnos en “modo alerta”. Algunas de las respuestas fisiológicas que puede generar en nuestro cuerpo son: aumento del ritmo cardíaco y de la respiración, liberación de adrenalina y cortisol, contracción de los músculos, frenar el proceso de digestión.
Este sistema simpático se activa cuando percibimos una amenaza, por ejemplo: estamos llegando tarde a un compromiso, tenemos que dar una clase, sentimos que algo puede salir mal, especulamos con escenarios negativos, etc.
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Importante: Este sistema es clave para el rendimiento y la acción. El problema aparece cuando quedamos en ese estado durante mucho tiempo (incluso a nivel crónico) o no sabemos cómo desactivarlo.
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🔺La otra rama es el sistema nervioso parasimpático, encargado de volver nuestro cuerpo a un estado de calma, descanso y reparación, es entonces el “modo de recuperación”. Se activa cuando el entorno no representa una amenaza, y permite que el organismo se regenere y vuelva a su equilibrio natural.
Algunas de las respuestas que se dan en nuestro cuerpo tienen que ver con: la disminución del ritmo cardíaco y respiratorio, la activación de la digestión, relajación de los músculos, se libera oxitocina y otras hormonas vinculadas al bienestar, aumento de la concentración y estado del presente.
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El sistema parasimpático no es “el opuesto” del simpático, sino su complemento. Una buena autorregulación implica poder activar uno u otro según el momento, y no quedar atrapado en ninguno.
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Porque si queremos conservar nuestra energía, mantener el foco y sostener el bienestar, tenemos que aprender a escuchar a nuestro cuerpo y gestionar en qué estado estamos.
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🔹 Detectá tus señales fisiológicas: Aprendé a registrar cuándo tu cuerpo está entrando en modo alerta (aceleración del ritmo cardíaco, respiración superficial, tensión muscular) o desconexión (fatiga extrema, apatía, procrastinación). El cuerpo avisa igual que la mente, y es necesario empezar a conocerse y tomar consciencia de lo que nos pasa.
🔹 Identificá cuales son las señales que tenes durante el día y durante la semana: conocé en que momento del día te encontrás mas en “modo alerta” o en “modo de recuperación”, en qué momento del día tenes más energía y en que momentos menos. Apelá al chequeo de tu cuerpo, cómo está tu ritmo cardíaco, como estás repirando, si estás pudiendo hacer bien la digestión.